Blog Orgullo ciudadano Manifiesto Orgullo Gay 2009 Entrevista Editorial Sumario Arte Biografía Cine Serie TV AUDIOVISUALES DANZA POESÍA Reflexión Relato Viajes Subir

LA SIESTA

Me despierto sofocada, no sé qué soñaba pero tengo mi mano derecha dentro del pantalón del chándal. Intento recordar de dónde proviene esta aceleración que siento, este calor que no se corresponde con la temperatura ambiente. Mis dedos caracolean con el vello púbico. El sonido de la tele me distrae, el mismo sonido que sin duda me fue adormeciendo en el sofá tras el almuerzo. Lo apago y distraídamente, mi mano ha comenzado a deslizarse en la cavidad resbalosa y cálida de mi sexo, mientras decido qué hacer en esta tonta tarde de domingo. Siempre ocurre igual, todos mis dedos comienzan la exploración y las caricias, para poco a poco ir replegándose, dejando el protagonismo al líder, ese dedo que lleva el nombre del órgano por excelencia, dedo corazón. El sabe como ninguno, dónde acariciar suave suave, como quien acaricia un pequeño animal salvaje, para ir incrementando la presión y el ritmo, a medida que esa diminuta montañita, adquiere cuerpo y consistencia. Mis piernas que se han ido abriendo poco a poco, lo hacen ya sin recato, abriéndose de par en par. Mi mano izquierda se une a la fiesta y masajea y acaricia mis pechos alternamente, izquierdo, derecho, derecho, izquierdo. No pienso en nada, toda mi atención se centra en no perder el compás. Me maravilla comprobar cómo mi piel se eriza con cada caricia. Mi cintura se tensa alzando la pelvis en un acto reflejo, mis caderas comienzan una sutil danza circular. La sangre va hinchando las paredes de mi sexo que como un animal hambriento, se muestra voraz en cada movimiento, con cada toque de mi dedo mágico. Aflojo el ritmo de mis caricias sobre el clítoris, no deseo terminar tan pronto. Con el pensamiento busco algo que engullir por esa otra boca que me aúlla entre las piernas, abro los ojos y rastreo la pequeña mesa, junto al incienso aún permanece apenas consumida la vela que anoche inauguré. No lo dudo y sin dejar de acariciarme le doy alcance y ensalivo generosamente la suave cera roja, la introduzco de un solo golpe que hace que arquee todo mi cuerpo. Una oleada de frio placer me recorre. Un orgasmo salvaje furioso y hondo está a punto de llegar.

Alicia Palacios

Salir Nota de prensa Libro Danza Audiovisuales Entrevista Jesús Vallinas Presentación Programa PDF Subir