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Invitación a la creación. Cursos y Talleres Uno de los fenómenos en relación a lo literario que más parecen interesar hoy son los cursos y talleres que se ofertan en toda clase de disciplinas relacionadas con la escritura y su práctica. Si bien su aparición no es nueva, pues se constata que determinadas instituciones los vienen desarrollando desde hace años, es ahora cuando el número de alumnos y la amplia difusión y repercusión de los mismos está experimentando un auge espectacular. Importados desde el mundo anglosajón, los talleres de poesía se centran en la formación de sus alumnos desde un punto de vista práctico, impulsando en su gran mayoría la creación propia y el conocimiento de aquellos rudimentos necesarios para esa práctica. La divergencia de temarios es mucha y el punto de vista depende del profesor. En eso estriba, tal vez, su deficiencia mayor, pero, al mismo tiempo, se constata una riqueza compleja, basada en los distintos puntos de abordaje de lo poético. Para entender mejor qué se hace en un taller de poesía, cuál es la práctica habitual lo mejor es situarnos en una clase que denominaremos modelo (m). En “m” lo más normal es dedicar un tiempo a la explicación de determinados rudimentos (imágenes, figuras retóricas, ritmo) y después hallar y comentar esos fenómenos en textos de poetas consagrados (o menos conocidos, pero que el profesor considera imprescindibles). Después el profesor se centra en que sus alumnos investiguen y practiquen esos conceptos mediante su propia práctica poética, fomentando así las virtudes de todo poeta que se precie: la lectura y la propia creación. Al mismo tiempo, el alumno conoce distintos movimientos poéticos y poetas cumbre (los cuales pueden variar enormemente) intentando no actualizar o incidir en los aprendizajes de la escuela reglada sino muy al contrario, enseñando a sus alumnos la distancia crítica y la capacidad de pensamiento propio que luego será fundamental en su creación. Esto es, en mi opinión una clase modelo de este tipo de talleres. Sin embargo, muchas veces la realidad es distinta. El taller se convierte en una manera de adoctrinar a los alumnos, restringiendo sus posibilidades a poéticas concretas y guiándoles hacia pequeños cenáculos que se convierten en grupos de influencia. No se puede acudir a un taller pensando en publicar (si bien en muchos de ellos se incluyen guías para saber cómo empezar) o en ser discípulo de. Se trata más bien de encontrar un camino propio, algo que refuerza el talento innato del futur@ poeta. Tampoco puede acudirse a un taller pensando en ampliar el horizonte de lecturas (se ampliará claro, pero como medio y no como fin) para ello es mejor que busquemos clubs de lectura, bastante interesantes la mayoría y a menudo más económicos para sus usuarios (para más información consultar por ejemplo los que se ofertan en la UNED o en la Carlos III) que encontrarán lecturas guiadas por un experto y adecuadas a su nivel de conocimientos. También es recomendable no acudir a un taller si lo que se quiere es una especie de profesor particular de poesía porque para ello es preferible asistir a tutoriales, donde un profesional evalúa y sigue muy de cerca el proceso de creación de un poemario. En el taller se trabaja la dinámica de grupo y es muy posible que a estos alumnos les frustre ver cómo son sus propios compañeros los que comentan su trabajo. Un par de recomendaciones más: si vais a iniciar un taller procurad que esté impartido por profesionales, en instituciones reconocidas y que oferten el modelo de enseñanza que más os convenga (hay numerosos cursos no presenciales, cuyos sistema de trabaja a través de Internet son muy cómodos y fiables) para que no tengáis que arrepentiros o tirar la toalla antes de tiempo. Para finalizar recomiendo también dejar el ego en la entrada del aula para poder así aprender lo más que se pueda. Para más información: Luis Luna |