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Á Cuando la rosca se enrosca Oleadas de violencia, odio putrefacto al mismísimo dolor que tanto duele. Oculto en las raíces de los nervios, pasa desapercibido, se mece sin ruido. Crees que ya se ha ido, por fin sin malos rollos, y cuando abres tus poros te posee sin pudor. Eres la víctima ideal, te crees a salvo y una brisa de su humor te desparrama. No sabes cerrar tus heridas, no te pones “betadine”, te engañas por escapar de ese viejo sentimiento que está siempre tan próximo. No eludas más tu gran carencia, dilo, pronúncialo, no tengas miedo, es difícil querer si llevas mierda dentro. Cuando fui piedra me adoraba el aire y el agua, y el sol y los nublados. Cuando fui planta me puse hasta verde. Y ahora que soy animal, el vacío de contacto real me seca. Porque no se imaginar la luz que me caliente, ni el agua que me riegue, que poco contacto y cercanía tengo con mis fluidos más internos. ¿Dónde puedo encontrarme, reconocerme y quererme? Si alguien sabe algo de esto que me eche un cable porfa. Besos suaves y si fuera posible cerca. La arroba petrificada
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