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En 1946 retorna felizmente a Argentina. Alejado de la política, tenía un solo interés preparar su debut y también agradecerle personalmente a Evita el permiso para entrar en el país, debemos recordar que fue expulsado cuando se enfrento al sindicato de artistas. En aquel momento todos los teatros tenían programados grandes espectáculos así que ante la feroz competencia, aunque Miguel de Molina parece inseguro muchas veces siempre consigue lo que se propone y en ningún momento parece que el escaso tiempo para estrenar fuese un problema. Se fue a ver a Evita, para agradecerle todo y para intentar recuperar las cosas que había dejado en su piso, pero la respuesta fue que no debía revolver la mierda. Y que como podía trabajar libremente en Argentina podría ganar dinero como para comprar lo perdido y más. También le ayudo a conseguir un abogado laboralista para solucionar el pleito con la empresa. Miguel de Molina habla de la primera impresión que le causo Evita Perón, del magnetismo que poseía que por sus propias palabras parece olvidar que era la mujer de un dictador. Es bastante confusa esa parte de su biografía porque sinceramente parece que se rindió y se dejó arrastrar por un personaje que cuando visito España, en pleno verano, vestía un abrigo de visón. Se compró un cadillac y contrato un chofer, seguramente quería visitar a sus nuevos amigos lleno de suntuosidad como si fuese un aristócrata. Lo cierto es que de esta etapa el único acontecimiento importante es la pena que siente por la muerte Manuel de Falla que estaba exiliado en Argentina. |