Frente a los discursos mediáticos, la poesía surge como una voz que ofrece validez para transmitirnos el pensamiento y la opinión del mundo árabe. En todos los países occidentales se nos tiene acostumbrados al hurto de determinadas voces y su expresión a través de intermediarios, con lo que éstas quedan ya distorsionadas por la mirada occidental que hace de ellas víctimas o verdugos, sin reparar en sus especificidades. Dentro del panorama poético existen también poetas-intermediarios, que, escudados en un “compromiso” –que numerosas veces oculta un encumbramiento personal- pretenden transmitirnos las múltiples realidades de una identidad que, frente a aquellos que quieren homogenizarla, se revela cada vez más atomizada y personal.

Un buen método de desentrañar esa complejidad es escuchar “directamente” (en la medida en que las traducciones lo permiten) a los creadores e intelectuales árabes. Muchos son los poetas, las voces que reclaman un interés propio, pero a falta de una antología adecuada, es necesario insistir siquiera someramente en algunas de ellas que, por su repercusión y su altura intelectual, pertenecen por derecho propio al acerbo cultural mundial.

Tal es el caso de Adonis, seudónimo de Ali Ahmad Said Esber, nacido el 1 de enero de 1930 en Qassabin, Siria. Eterno candidato al premio Nóbel y tal vez el más conocido –junto a Mahmud Darwix- de los poetas árabes contemporáneos. En castellano ha sido generosamente traducido (con lo que se pueden adquirir libros suyos fácilmente) y contamos ya con algunos estudios. Su obra es, sin duda, la más revolucionaria dentro de la poesía árabe. Así lo afirman su utilización del verso libre y su libertad tanto formal como temática que le sitúan como uno de los ejes de referencia de la poesía contemporánea.

Él mismo afirma en su “Introducción a la Poesía Árabe” (Universidad Autónoma de Madrid, Servicio de Publicaciones, 1975) la posibilidad de que la poesía árabe no sea ya un rígido armazón que comprima las intenciones del poeta y afirma su liberación: “ la poesía árabe no es el monolito que pretende sugerir la visión crítica dominante sino que es plural, en ocasiones, hasta llegar a la auto-contradicción”. Su pensamiento, como podemos observar, es preclaro y certero, y sienta las bases de una escritura poética indoblegable, ajena a discursos imperantes. De sus entrevistas podemos extraer la procedencia de sus temas: “los mitos y la poesía árabe preislámica son la base esencial de mi poética” y el tratamiento de los mismos: “la poesía es esencialmente trágica”.

También sirio (Siria, me atrevo a afirmarlo, es una matria mítica de la poesía) Nizar Qabbani (Damasco 1923-Londres 1998) es otro renovador fundamental de la escritura árabe, ensayando un lenguaje nuevo próximo al de la lengua oral o conversacional y pletórico de imágenes emparentadas con el mundo de la infancia. Su temática se centra en el erotismo (en todas sus vertientes) cuya máxima expresión es El libro del amor , aparecido en 1970 y publicado en español dentro de la colección Hiperion. Su importancia es vital dentro del contexto árabe, hasta el punto de que el también poeta sirio Youssef Karkoutly ha dicho que Qabbani es “tan importante en sus vidas como el aire”. Tal vez se deba esta afirmación tan contundente a que este poeta ha hecho siempre un esfuerzo enorme para que su poesía sea comprensible por todo el pueblo y no sólo por una élite, como afirma el crítico egipcio Gamal Al-Ghitanti.

Menos conocidos, aunque no menos importantes son los sirios Muhammad Al Magut (Salamiya 1934-Damasco 2006) y Maram Al-Masri (Latakia, 1962). El primero es fundamental para conocer la marginación y oscuridad de los artistas árabes críticos con los sistemas en los que viven. Su lenguaje es de una crudeza extrema y sus metáforas deslumbrantes, todo ello para expresar el dolor y la inutilidad del propio lenguaje para cambiar la realidad exterior e interior. Al Masri es, por el contrario, una poeta concisa, dotada de un lenguaje aparentemente sencillo pero repleto de nuevas lecturas cada vez que se emprende la profunda aventura de leerla. Su sensibilidad y buen hacer se pueden consultar en la colección Lancelot, donde se han editado Cereza roja sobre losas blancas y Te miro .

Abandonando Siria, encontramos al conocidísimo Mahmud Darwix (Palestina 1941) cuya poesía es expresión del acoso de su pueblo. Su compromiso es, pues, un puntal fundamental para el desentrañamiento de su obra, que ha sido tachada numerosas veces de oscura por la abundancia de metáforas e imágenes que dificultan la intelección. Sin embargo, Darwix, con su lucha constante para que el lenguaje pueda expresar más y más certeramente lo que se quiere decir, enseña y demuestra plenamente que el compromiso puede construirse sin caer en la ramplonería o la proclama, dotando así de autonomía al hecho poético. Darwix ha sido ampliamente traducido en español por lo que su conocimiento no entraña dificultad y ofrece al lector una gran diversidad de títulos.

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