Miguel de Molina estuvo relacionado con intelectuales (escritores, poetas y dramaturgos) y con artistas (cantantes, bailaores, toreros, y estuvo ligado a grandes figuras de la Danza.

Fue perseguido por su homosexualidad tanto en España como en Argentina y por este motivo nos ha interesado publicar su historia que fue una lucha continua por mostrarse como realmente era, en un mundo en donde los homosexuales eran perseguidos y torturados por su orientación sexual.

La vida de nuestro colectivo en la actualidad es el fruto de la lucha de personas como Miguel de Molina, los derechos que tenemos ahora no han existido siempre por eso es bueno mirar hacia atrás para darnos cuenta de que disfrutamos de unos privilegios como ciudadanos que durante la Dictadura eran inimaginables.

Miguel de Molina nace en Málaga (España), 10 de abril de 1908, durante el reinado de Alfonso XIII, en una típica casa o corral de vecinos, donde distintas familias convivían y compartían su pobreza. Era un edificio cuyas puertas y ventanas daban a un gran patio interior situado en el barrio de los Capuchinos.

Su padre era epiléptico y aunque era un zapatero artesanal de gran prestigio, a causa de sus continuos ataques fue recluyéndose en la cama sin poder apenas levantarse; mientras su madre se pasaba la vida trabajando como limpiadora para sacar adelante a la familia.
Tuvo un hermano, (Pepito que falleció cuando él era un niño), y cuatro hermanas: María, Pepa, Anita y Asunción.
Con sus abuelos no tuvo contacto directo pero si con su tío Pepe con el cual aprendió a escribir, e incluso trabajo con él hasta que éste decidió exiliarse en Brasil para no combatir en Marruecos. Después de desaparecer su tío, se refugió en los brazos de un matrimonio sin hijos que vendían almendras tostadas en las ferias y con ellos gana algunas monedas, para ayudar a su madre que se pasaba todo el día fuera de casa trabajando.

Con ocho años y consciente de las privaciones que pasaba en su casa, inventó un jardín de infancia en el patio de vecinos y habló con las mujeres para cuidar a sus hijos mientras ellas iban a trabajar durante el día.

Construyo unos toboganes y sube y baja con cajas de madera y tablones para que los niños jugasen, también un pequeño escenario para hacer funciones de teatro, contarles cuentos y hacerles bailar. En una de esas funciones infantiles tuvo que vestirse de mujer para poder completar las parejas de baile, ya que eran cinco chicos y tres chicas. Fue idea de uno de los chicos que había, le dijo que como era tan bonito podía pasar por una chica.

Gracias a su madre ingresa en un colegio de curas, era un muchacho muy bello y por su belleza algunos niños le llamaban NENA. Como a lo largo de su vida siempre hubo personas que le protegieron y en este colegio se encontró con Quinito que se peleaba con los otros niños para defenderle. Allí desayunaba y comía, aprendió a leer y a escribir hasta que un día uno de los curas intentó abusar de él y Quinito salió en su defensa agrediendo al cura. Miguel se declaró culpable y fue expulsado del colegio.

Su madre logró ingresarle en la Casa de la Misecordia, institución de enseñanza y benéfica atendida por monjas. Rápidamente Sor Juana, una de las monjas, lo tomó como su protegido ante todos los peligros que pudiese correr allí dentro y más tarde lo convertiría en un maniquí para vestirle como se vestía a los Santos de las iglesias. Mientras tanto Sor Magdalena montó un coro y le eligió para formar parte del mismo, allí fue en donde aprendió a entre Cantos Gregorianos y villancicos.

Cuando ya sabía leer y escribir perfectamente le dijo a su madre que quería dejar a las monjas para trabajar y ayudarla a ganar dinero, obsesión que le persiguió durante toda su vida. Sufría de ver a su madre trabajar sin descanso para sacarles a todos adelante.

Comenzó a trabajar en el bar-colmado de una de sus tías, la usurera, que le explotó pagándole una miseria. A los doce años empezó a trabajar para una empresa de correos llevando telegramas. En una de esas entregas conoció al poeta Salvador Rueda, poeta malagueño reconocido que le regalo su primera revista de Poesía, en donde por primera vez leyó un poema de Federico García Lorca.

Esa lectura le provocó curiosidad de conocer el mundo artístico y en 1921 fue por primera vez al teatro, por supuesto compró una entrada en el gallinero y quedó tan deslumbrado que a pesar de tener poco dinero volvió al domingo siguiente.

Quería ganar dinero y fue por este motivo fue por lo que decidió abandonar Málaga en busca de una vida mejor.

Una noche de 1921, en que todos dormían empaqueto lo poco que tenía en un pañuelo y después de escribir una nota de despedida a su madre se marchó de casa. Una vez en la carretera le pidió a un hombre que conducía un carro lleno de melones que le llevase y éste accedió a llevarle. Llegó a Estepona y como no tenía dinero pidió trabajo en un bar para servir copas y fregar los platos, el dueño le dio trabajo prometiendo muchas propinas y dejándole dormir en un jergón en la trastienda. Ganaba muy poco así que decidió irse a Algeciras, ciudad de la que había oído hablar mucho y que disponía de un puerto con mucha afluencia de barcos llegados de todo el mundo.

Cuando llegó busco entre los muelles algún barco que buscase tripulación pero no tuvo suerte y como ya no tenía dinero fue a un bar con la intención de pedir algo de comer a cambio de fregar lo que hiciese falta. Por cuestiones del destino, una mujer exuberante, le ofreció algo de comer y le dijo que si buscaba trabajo podía trabajar para ella en su casa.

Se instalo en la casa de Pepa, una casa de mujeres y allí trabajo haciendo todo tipo de trabajos. En 1922 asistió a la Fiesta del Cante Jondo, en Granada con Pepa y un amigo de esta que se presentaba al concurso y que no ganó, aunque cantaba muy bien.
Todas las mujeres de la casa le querían y gracias a este sentimiento de suscitaba en ellas recibió clases de Don Ventura un cliente de la casa, que le prestaba libros y le ayudó a conocer otras vidas llenas de pasión.

A la muerte de Pepa de un infarto, se embarcó en la nave de un príncipe árabe de Tetuán y al llegar, mientras reparaban el barco, trabajó en el palacio. Allí conoció a su señor, un hombre de unos cincuenta años, con barba canosa y ojos negros que estaba sentado junto a un muchacho muy hermoso de unos 18 años, los mismos que tenía Miguel en aquel momento. Durante la cena se dio cuenta como de vez en cuando cogía la mano del joven y se la acercaba a sus labios mientras él les miraba.

Al día siguiente el hombre que le había contratado le dijo que el príncipe quería pasar la noche con él pero un incidente político provocó la huida del palacio y Miguel regresó a Algeciras en donde se encontró con una de las mujeres que vivían en la casa de Pepa y decidió irse con ella a Granada.

En el Sacromonte, entre gitanos y tablaos, volvió a oír hablar de Federico García Lorca que acababa de estrenar su Mariana Pineda. Estaba obsesionado con conocer a Lorca, no sabía nada de él, solamente había leído un poema pero en lo profundo de su ser sentía algo inexplicable por el poeta.

En Granada se dedicó a organizar fiestas flamenca, que se hicieron tan famosas que uno de sus clientes le dijo que con su habilidad en la organización debía trasladarse a Sevilla; ya que la ciudad estaba llena de turistas y ricos ganaderos y toreros dispuestos a vaciar sus carteras en una noche de juerga.

En 1928-1929 vivió en Sevilla en una casa que llamaban el Chalet que era de tres hermanas que habían mantenido relaciones con hombres ricos. Las habitaciones eran alquiladas a mujeres que recibían a hombres, la decoración suntuosa y elegante no levantaba ningún tipo de cotilleos a pesar de que todo el mundo sabía que era una casa de mujeres.

Asistió a la Exposición Iberoamericana en Sevilla y tenía predilección por el Barrio Árabe con su bazar y sus bares típicos, similares a los que vio en Tetuán cuando estuvo al servicio del príncipe árabe.
Frecuentaba un café de ese barrio en donde los camareros, todos jóvenes árabes, ofrecían sus servicios a los hombres o mujeres que los solicitaban. El ambiente era lo que más le gustaba, se sentía como si estuviese sumergido en uno de los cuentos de Las Mil y Una Noche.

Allí conoció al moro Samido que tenía fama en toda Sevilla después del incidente con el hijo de un empresario, al cual tuvieron que darle puntos de sutura a causa de un desgarramiento; y con él tuvo su primera experiencia sexual.

En las fiestas que organizaba EN 1929 conoció a grandes figuras de los toros, ganaderos de renombre, cantaores, flamencos e intelectuales; así como a Salvador Valverde que escribió para que él recitara: el óle del cielo.

En 1930 dejó Sevilla y se trasladó a Madrid, entonces fue al colmado Los Claveles según le habían recomendado ya que el propietario era de Sevilla, y una vez allí preguntó por el dueño: Antoñito el Divino. Fue admitido y trabajo con él en el mostrador; así fue como su jefe se convirtió en su protector, e incluso le a ser su huésped en su casa del barrio de Atocha.

Entre las mujeres que conoció se hizo muy amigo de La Negrita, siempre acompañada de una apuesto aviador llamado José Luis que le apodo La Míguela. Y que él pensaba que quería sexo, tal y como le había sucedido antes con otros hombres, pero se equivoco y lo único que le demostró siempre José Luis fue su amistad, sobre todo cuando le llamaron para cumplir el servicio militar y logró ayudarle a regresar a Madrid.

Se traslado a Algeciras en donde tenía algunos amigos de cuando vivió allí, e inexplicablemente y por cuestiones del destino se encontró con Ramitos en el cuartel. Aquel chico había sido su amor de infancia en la Casa de la Misericordia, así que una noche hizo el amor con él, ya que éste iba a casarse con una mujer.Durante el servicio militar trabajo como asistente en casa del capitán pero su trabajo se limitaban a cocinar y limpiar bajo las ordenes de la mujer del mismo. Solicitó el traslado y acabo en las cuadras limpiando animales hasta que un día llegó su baja por enfermedad y regreso a Madrid.

PRÓXIMAMENTE: Al regresar a Madrid del 1931-1932 se convierte de la Míguela en Miguel de Molina, durante estos dos años sube por primera vez a un escenario.

Bibliografía: Botín de guerra, AUTOBIOGRAFÍA, Miguel de Molina. Editorial PLANETA.

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